El pasado viernes 31 de octubre se presentó en Hermosillo, y es preciso decir en México (ya que es la primera vez que se presenta en el país), Dios salve a la reina, la banda argentina reconocida en el mundo como la mejor interpretación de Queen.
El motivo del concierto, que se realizó en el Teatro al aire libre del Parque La Sauceda, fue el aniversario 30 de Stereo 100. El motivo es muy auténtico, considerando la aportación de la estación a la difusión del genero del rock en Sonora, a partir de una época en la que la modernidad musical y, el rock en particular, significaban alternancia.
Con este evento continúa por sexta ocasión una actividad del grupo radiofónico, consistente en realizar cada año un concierto de rock para festejar su aniversario y además apoyar a alguna institución u organismo de beneficio social. Al parecer, la propia estación desconocía el prestigio mundial del grupo, pues se le anunciaba tanto por su nombre real, así en español, como en formas que no son las del nombramiento oficial: “God save the queen”, e inclusive se anunciaba el concierto como “halloqueen”.
Dado el prestigio de Dios salve a la reina, mi personal expectativa se enfrentó con un espectáculo un tanto distinto.
El concepto del grupo es presentar básicamente al Queen de los años 80, tanto por la imagen como por el repertorio, el cuál corresponde mayoritariamente a los discos de esa década: The Game (1980), The Works (1984), A Kind of Magic (1986) y The Miracle (1989).
En contraparte con la similitud natural y por lo mismo sorprendente de Pablo Padín con el frontman real, se da también una emulación forzada de la imagen de Queen que demerita el concepto del grupo, con el caso del guitarrista Francisco Calgaro, quien usa peluca, muy notoriamente, haciéndolo ver algo grotesco, así como por el look de Ezequiel Tibaldo que repite justamente la apariencia más kitsch del bajista John Deacon, con short de la época de John McEnroe y rizado artificial o “permanente”.
Cabe señalar la excelencia del guitarrista como ejecutante, abarcando tanto en sí la ejecución como la sonorización muy similar a la mítica Red Special de Brian May, así como la ejecución de guitarra acústica, arreglos en teclados, y las mismas vocalizaciones que realizaba Brian May en ciertas canciones.
Sin embargo, algo característico de Queen en todo concierto, eran los solos de guitarra, en los que May creaba, basándose en el delay y eco, acompañamiento y requinto; el espectáculo no incluyó esto.
Así como Roger Taylor hacía un solo, Dios salve a la reina incluye uno. Pero… acá en Hermosillo, tanto el instrumento como la sonorización eran realmente malos. Se puede suponer que no se trataba de la batería del grupo, ya que ellos usan una muy similar a la de Taylor, con todo y logotipo de Queen en el bombo. La tarola se escuchaba horrible y, bueno, la gente aplaudió, ya que el ambiente a eso incitaba. Se perdonaban aspectos como este, y otro de mucha mayor importancia: el cantante, durante la canción “We Are The Champions”, arrastró la bandera mexicana en un recorrido al frente del escenario, para finalmente, después de 2 minutos, aventarla sobre la tarima de la batería, violando de esta forma la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacionales, burlándose así de los mexicanos ahí reunidos, que además le aplaudieron.
Respecto a las virtudes, debo mencionar que tocan canciones que Queen jamás tocó en vivo, ya que su última presentación en público fue en 1986, y posteriormente continuaron lanzando discos de estudio (The Miracle, 1989, e Innuendo, 1991). Algunas de estas canciones son: "Who Wants to Live Forever?" y "I Want it All" y, sobre todo... Queen nunca tocó en vivo la sección operística de "Bohemian Rhapsody", y para ello recurrían a la grabación; Dios salve a la reina toca en vivo esa sección, apostándole por supuesto a la emoción del momento más a que a la destreza vocal, ya que a diferencia del papel fundamental de Taylor en Queen, en este sentido, en DSR el baterista Matías Albornoz aporta poco.Hubo otra… y otra, “la del estribo”, dijo Tony Dávila. Ya para retirarse banda y público, inexplicablemente, se escuchó por el equipo de sonido, que ya de por sí no hizo un gran papel esa noche, la canción “The Final Countdown” de los archifamosos y ya olvidados Europe.
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